Robert Carradine, el versátil actor que forjó su propia identidad dentro de una de las familias más emblemáticas de Hollywood y se convirtió en un ícono de la comedia de culto en la década de 1980, ha fallecido a los 71 años.
Su familia confirmó su muerte el martes en un comunicado, compartiendo que había vivido con trastorno bipolar durante más de dos décadas. Su hermano, Keith Carradine, señaló que murió por suicidio y habló con franqueza sobre la realidad de las enfermedades mentales, subrayando que no debe existir vergüenza alguna en torno a ellas.
Nacido dentro de la legendaria dinastía actoral de los Carradine, Robert era hijo del actor de carácter John Carradine y hermano menor de los actores Keith Carradine y David Carradine. Aunque sus hermanos alcanzaron reconocimiento internacional, Robert construyó una carrera constante y resiliente, marcada por su versatilidad, perseverancia y capacidad para destacar en cada proyecto.
Originario de Los Ángeles, Carradine apareció por primera vez en televisión en Bonanza en 1971 y poco después obtuvo un papel en el western de 1972 The Cowboys junto a John Wayne. Aunque la actuación no fue inicialmente su sueño, aquella oportunidad lo encaminó hacia una trayectoria que se extendería por más de cuatro décadas.
Durante la década de 1970 colaboró con directores respetados, participando en Mean Streets de Martin Scorsese, Coming Home de Hal Ashby y The Big Red One de Samuel Fuller. Con frecuencia trabajó junto a su hermano David, incluyendo proyectos como The Long Riders y Cannonball, reforzando aún más el nombre Carradine en Hollywood.
Su gran momento llegó en 1984 con Revenge of the Nerds. Como Lewis Skolnick, el estudiante universitario socialmente torpe pero decidido, con una risa inconfundible, Carradine lideró una película que se convirtió en una comedia emblemática de su época. El papel dio lugar a una secuela cinematográfica y dos continuaciones para televisión, y permaneció estrechamente ligado a su imagen pública durante décadas. Más adelante volvió a conectar con ese legado a través de apariciones en la cultura pop, incluido su trabajo como copresentador del programa de competencia King of the Nerds.
En la década de 2000, una nueva generación lo conoció como el padre cariñoso en la serie de Disney Channel Lizzie McGuire. Su excompañera de reparto Hilary Duff lo recordó como una presencia cálida y solidaria en el set, reflejando el afecto que muchos colegas describieron.
Incluso cuando los papeles protagónicos se volvieron menos frecuentes, Carradine continuó trabajando de manera constante. En 2012, Quentin Tarantino lo eligió para participar en Django Unchained, brindándole una aparición destacada en la gran pantalla que lo presentó nuevamente ante el público del cine.
Más allá de la actuación, Carradine persiguió su pasión por las carreras de autos. A finales de la década de 1980 y durante la de 1990, compitió como piloto para Lotus, cumpliendo un sueño que alguna vez creyó que definiría su vida antes de que Hollywood interviniera.
Enfrentó desafíos personales en sus últimos años, incluido un grave accidente automovilístico en Colorado en 2015 que lo dejó herido a él y a su esposa en ese momento. A pesar de los contratiempos, se mantuvo activo profesionalmente y profundamente unido a su familia.
Le sobreviven sus tres hijos, incluida la actriz Ever Carradine, quien compartió un emotivo homenaje recordando el amor y apoyo incondicional de su padre. Para quienes trabajaron con él y para el público que creció citando sus frases más famosas, Robert Carradine deja un legado definido no solo por la comedia, sino por la dedicación, la resiliencia y el corazón.
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