Jeremy Allen White brilla en biopic divisivo de Springsteen

Jeremy Allen White ocupa el centro del escenario como Bruce Springsteen en Springsteen: Deliver Me From Nowhere, un biopic que narra la creación cruda y conmovedora del álbum Nebraska de 1982. Aunque la película promete una inmersión profunda en uno de los discos más introspectivos del rock, la recepción crítica ha sido todo menos unánime.

Centrada en el proceso de grabación solitario de Springsteen, realizado en su casa en Nueva Jersey con una grabadora de cuatro pistas, la cinta busca resonancia artística, pero termina dividiendo a su audiencia. Con un puntaje del 62% en Rotten Tomatoes, alcanza la categoría de “Fresh”, apenas lo suficiente para evitar la mediocridad, pero lejos de una ovación crítica.

Muchos críticos coinciden en un punto: Jeremy Allen White ofrece una interpretación destacada. Alabado por capturar la voz, los gestos y la esencia escénica de Springsteen, su actuación se convierte en el elemento más convincente del film. Desde la ropa de mezclilla hasta la desesperación contenida, White transita la línea entre homenaje y transformación con soltura.

Sin embargo, no todos están satisfechos con la ejecución. Algunos opinan que la película mitifica en exceso al músico, retratándolo como un genio torturado sin explorar realmente al hombre detrás de la música. Otros critican el guion por su uso de clichés y el tono excesivamente reverente.

Jeremy Strong interpreta al productor Jon Landau, colaborador de toda la vida de Springsteen, pero los personajes secundarios, al igual que la narrativa, a menudo se desvanecen en segundo plano. A pesar de su atmósfera cuidada y su intención artística, la película lucha por encontrar claridad emocional o temática.

En definitiva, Deliver Me From Nowhere puede satisfacer a los fanáticos más devotos que buscan una interpretación visual de Nebraska, pero para el público general, se trata de un viaje melancólico que no siempre justifica su trayecto.