Roman Reigns salió de WWE Backlash todavía como Campeón Mundial Peso Pesado, pero Jacob Fatu se aseguró de que nadie abandonara Tampa hablando únicamente del resultado.
La lucha estelar por el campeonato rápidamente se convirtió en una guerra entre dos miembros de una de las dinastías familiares más dominantes en la lucha libre. Reigns llegó al combate con la confianza de un campeón acostumbrado a controlar el escenario más grande de WWE, mientras que Fatu apareció con la intensidad de un hombre decidido a demostrar que pertenece a la cima de la empresa.
Durante gran parte de la lucha, Fatu lució como el competidor más peligroso. Su ofensiva constante obligó a Reigns a sobrevivir en varios momentos, y el retador estuvo muy cerca de conquistar el título tras aplicar el devastador Tongan Death Grip en los minutos finales del combate.
Fue entonces cuando la experiencia y la desesperación cambiaron todo.
Mientras el árbitro quedaba involucrado en la acción, Reigns expuso un esquinero y aprovechó la oportunidad. Fatu fue lanzado contra la esquina descubierta antes de recibir una spear que le dio a Reigns la victoria por cuenta de tres y la retención del campeonato.
El desenlace resolvió la lucha titular, pero encendió algo mucho más explosivo después de la campana.
Un furioso Fatu perdió el control una vez terminado el combate, atacando a Reigns, oficiales de WWE y a cualquiera que intentara restaurar el orden. La agresión posterior transformó la arena en un caos absoluto mientras seguridad y productores intentaban contener al retador fuera de control.
Fatu finalmente quedó de pie entre la destrucción levantando el Campeonato Mundial Peso Pesado, creando la imagen más impactante de la noche a pesar de haber perdido oficialmente la lucha.
Reigns intentó minimizar a su rival mientras se dirigía hacia backstage, asegurando que la agresividad incontrolable de Fatu no tenía lugar en WWE. Sin embargo, lo ocurrido en el ring dejó claro que el campeón quizá solo empeoró el problema en lugar de acabar con él.
Backlash terminó oficialmente con Reigns reteniendo el oro, pero WWE ahora enfrenta a un Jacob Fatu todavía más peligroso y dispuesto a destruir todo lo que se interponga entre él y otra oportunidad titular.