La redención en el esquí alpino no llega en silencio. Se abre paso montaña abajo.
Después de años de frustraciones olímpicas y un escrutinio constante, Mikaela Shiffrin ofreció una actuación que silenció las dudas y reafirmó su lugar en la cima de su deporte. La estrella estadounidense conquistó una medalla de oro dominante en eslalon, mostrando la serenidad y la precisión que han definido su carrera.
La victoria marcó un giro dramático. Desde que ganó oro y plata en los Juegos de Pyeongchang 2018, Shiffrin había atravesado una sequía de ocho carreras olímpicas sin subir al podio. Sus dificultades incluyeron una campaña sin medallas en Beijing y una nueva decepción en Cortina d’Ampezzo, donde terminó cuarta en la prueba combinada por equipos junto a Breezy Johnson y fuera del podio en el eslalon gigante.
Los tropiezos alimentaron a sus críticos en línea, pero Shiffrin mantuvo el enfoque hacia adentro. El día de la competencia, esa disciplina dio resultados.
Tomó el control desde el inicio, atacando un recorrido mayormente plano con ritmo y confianza. Tras la primera manga, tenía una ventaja contundente de 0,82 segundos, una diferencia enorme en un deporte que suele decidirse por centésimas. Un breve desequilibrio tras golpear una puerta amenazó con revivir recuerdos dolorosos, pero corrigió al instante y completó el resto del trazado con autoridad.
Ninguna competidora pudo acercarse a su tiempo.
La segunda manga fue igual de sólida. Superó sin errores la exigente sección superior y mantuvo velocidad en el tramo intermedio más lento. Cuando cruzó la meta inclinándose hacia adelante con determinación, la ventaja fue histórica. Fue la mayor diferencia en cualquier prueba olímpica de esquí alpino desde 1998.
Con este triunfo, Shiffrin suma tres medallas de oro olímpicas y una de plata a un extraordinario palmarés en la Copa del Mundo, que ahora alcanza 108 victorias, incluidas 71 en eslalon. A esto se agregan múltiples títulos mundiales en eslalon, eslalon gigante y super-G, ampliando aún más su legado.
Sin embargo, para Shiffrin, el triunfo fue tan mental como físico. Ha hablado abiertamente sobre el trabajo psicológico realizado con su equipo y su especialista deportivo, centrado en confiar en su preparación y creer que tiene todo lo necesario dentro de sí misma. Ese día, en la puerta de salida, esa convicción fue absoluta.
La montaña puede ser implacable. Esta vez, le perteneció por completo.