Michael Douglas ha pasado décadas interpretando a hombres cuya confianza a menudo oculta algo mucho más complicado. Ahora, el actor y productor ganador del Oscar dirige la mirada hacia sí mismo.
En sus memorias One Helluva Ride, Douglas repasa una vida marcada por la fama de Hollywood, las expectativas familiares, películas que definieron su carrera y momentos difíciles en el ámbito personal. En lugar de contar su historia siguiendo únicamente un orden cronológico, utiliza una docena de películas para explorar momentos en los que su trabajo y su vida privada comenzaron a reflejarse mutuamente.
Mucho antes de que Douglas se convirtiera en una gran estrella por mérito propio, era conocido como el hijo de Kirk Douglas.
Crecer con uno de los protagonistas más imponentes de Hollywood como padre estableció un punto de comparación poco común. Kirk Douglas había construido una imagen basada en la fortaleza, la determinación y una presencia física casi descomunal. Para Michael, crear su propia identidad significaba encontrar la manera de triunfar sin intentar convertirse simplemente en otra versión de su padre.
Y con el tiempo, consiguió exactamente eso.
Douglas ganó su primer Premio de la Academia como productor de One Flew Over the Cuckoo’s Nest, la célebre película que su padre había intentado anteriormente llevar a la pantalla. Años después, Michael Douglas pasó plenamente al primer plano como actor con Wall Street, obteniendo un Oscar por su interpretación de Gordon Gekko.
Esa actuación también ayudó a consolidar un patrón fascinante en su carrera. Douglas interpretó repetidamente a hombres exitosos cuyas ambiciones, deseos y decisiones amenazaban con consumirlos.
Pocas películas demostraron esto mejor que Fatal Attraction.
Douglas ha descrito el thriller de 1987 como un punto de inflexión en su manera de abordar la actuación. Mientras analizaba a su personaje, el abogado casado de Nueva York Dan Gallagher, comenzó a reconocer aspectos que se acercaban más a sus propias experiencias de lo que inicialmente esperaba.
Ese descubrimiento cambió su perspectiva sobre la actuación.
En lugar de considerar la actuación únicamente como el proceso de construir a otra persona, Douglas comenzó a confiar más en lo que podía aportar de sí mismo a cada papel. La idea puede parecer sencilla, pero para un actor acostumbrado a actuar frente a cámaras y enormes audiencias, permitirse ese nivel de vulnerabilidad podía resultar difícil.
Fatal Attraction también dependió en gran medida de Glenn Close, cuya actuación se convirtió en uno de los elementos más destacados de la película. Douglas recuerda que Close no fue considerada inicialmente por todos como la opción más evidente para el papel. Su determinación por conseguirlo, incluida su decisión de hacer una audición pese a ser ya una actriz reconocida, ayudó a cambiar opiniones.
La película se convirtió en uno de los grandes referentes culturales de la carrera de Douglas, pero su mirada retrospectiva va mucho más allá de las historias de éxito en Hollywood.
One Helluva Ride también aborda capítulos dolorosos fuera de los sets de filmación, incluidos los problemas de su primer matrimonio, infidelidades, rehabilitación, una batalla contra un cáncer en etapa 4 y los problemas de adicción y con la justicia de su hijo mayor, Cameron.
En conjunto, esas experiencias aportan otra dimensión a la filmografía de Douglas. Los hombres imperfectos, ambiciosos y en ocasiones imprudentes que interpretó eran ficticios, pero las emociones y debilidades detrás de ellos no siempre le resultaban completamente desconocidas.
Después de toda una vida frente a las cámaras, Douglas parece estar menos interesado en pulir su leyenda que en examinar a la persona que vivió detrás de ella.
Para un actor que pasó años aprendiendo lo difícil que puede ser simplemente mostrarse como uno mismo frente a una cámara, contar su propia historia quizá sea otra de sus actuaciones más exigentes.