El nuevo misterio francés de Jodie Foster y su poder ganado con esfuerzo en Hollywood

Jodie Foster sigue siendo una figura perdurable de resiliencia, creatividad y autodeterminación en Hollywood: una mujer cuya carrera ha estado marcada no por ceder ante las presiones de la industria, sino por elecciones reflexivas y una presencia imponente.

A sus 63 años, Foster promociona Una vida privada, un thriller en francés en el que interpreta a Lilian Steiner, una psicoanalista atrapada en una investigación complicada tras la muerte de una paciente. Mezclando misterio con profundidad psicológica, la película le permite a Foster expandir su rango artístico en un idioma y género que describe como desafiantes pero estimulantes.

La crítica ha respondido positivamente a Una vida privada, elogiando el trabajo matizado de Foster, emocionalmente sólido e intelectualmente ágil, incluso cuando la historia se vuelve simbólica.

En sus entrevistas promocionales, Foster revela la mentalidad de una artista que ha evolucionado más allá de la búsqueda juvenil de la fama. Ha hablado con franqueza sobre cómo su éxito temprano —incluida una nominación al Oscar a los 12 años— le dio poder en Hollywood, haciéndola “demasiado peligrosa para tocar” y ayudándola a evitar los abusos que han sufrido muchas jóvenes intérpretes.

No se trata de una alarde, sino de una reflexión sobre el poder en la industria y cómo el ser tomada en serio desde temprana edad le otorgó un grado de protección que muchas otras no tuvieron. Su perspectiva agrega una voz valiosa a las conversaciones sobre seguridad y agencia femenina en el mundo del espectáculo.

La relación de Foster con la fama ha cambiado con el tiempo. Ha hablado de su decisión de alejarse del cine comercial de estudio a favor de proyectos que reflejan sus intereses y valores, y ha dejado en claro su decisión de mantener la privacidad en su vida personal, incluso cuando el interés público insiste en saber más.

En Una vida privada, Foster encuentra un proyecto que fusiona su ambición artística con sus fortalezas personales: inteligencia, vulnerabilidad y una disposición a tomar riesgos creativos en otro idioma. El resultado es un retrato cautivador de una actriz en total dominio de su oficio y un recordatorio del poder inherente en seguir el propio camino —un principio esencial del espíritu Girl Power.